¿Somos Orugas Procesionarias?

“Un año en los Bosques”, ha sido mi última lectura. Una refrescante y entretenida historia vital, narrada en primera persona, por parte de Sue Hubbel, una bióloga de formación, que un día decide dejar su acomodado trabajo como bibliotecaria de una importante universidad americana para irse a vivir a una destartalada granja en los bosques de las montañas de Ozarks y emprender una nueva vida como apicultora.

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Además del relato íntimo de una mujer que lucha por sí sola para alcanzar una nueva forma de felicidad, el libro nos descubre infinidad de particularidades biológicas de las abejas y del resto de plantas y animales con las que ella convive.

Una que me ha llamado especialmente la atención,  es la curiosa historia, que aparece al final del libro, sobre el  comportamiento de una especie de oruga americana, el cual es compartido por nuestra conocida y, a veces, temida procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa).

Como sabéis, el nombre de estas orugas se deriva del hábito que tienen de desplazarse siguiéndose la una a la otra, en ininterrumpida fila india, a modo de procesión encabezada por una Oruga Líder.

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Sue Hubbell tras comprobar fascinada que si retiraba la primera oruga de una estas filas, la siguiente de la fila asumía rápidamente el papel que le correspondía como nuevo líder, dirigiendo el grupo, se animo a investigar más sobre este extraño fenómeno.

Como resultado de sus averiguaciones, llego a sus manos el antiguo experimento del famoso entomólogo francés del siglo XIX Jean-Henri Fabre.

Éste colocó un grupo de procesionarias en una maceta formando un círculo cerrado, de manera que ninguna fuera líder, ya que con esta disposición la oruga delantera siempre tocaba a la última.

En el centro de la maceta y sobre la tierra colocó acículas de pino, principal alimento de la procesionaria. Los gusanos comenzaron a dar vueltas alrededor de esta maceta. Y siguieron dando vueltas y vueltas, hora tras hora, día tras día, noche tras noche, hasta que murieron de hambre y agotamiento tras siete días.

¡Ninguna rompió la formación para acceder a la comida y salvarse!

Aunque parezca increíble, aún en nuestros días, no se sabe qué razón hace desfilar ciegamente a la procesionarias sin cuestionarse en ningún momento su manera de proceder, pero a lo mejor, es lo mismo que hace que en España el libro de Belén Esteban sea el más leído o que elección tras elección, toleremos la corrupción.

 

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